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miércoles 24 de diciembre de 2008

Del Sentido Dionisiaco: La embriagues y el éxtasis

Originariamente sólo Apolo es el dios del arte en Grecia. Dioniso irrumpió desde Asia, trayendo consigo las más antiguas formas religiosas del mundo asiático. Finalmente, en el culto délfico el año quedó repartido entre Apolo y Dioniso. Los dos salieron vencedores del campo de batalla. Así, entre más crecía vigorosamente el espíritu artístico apolíneo, también se desarrollaba libremente Dioniso. Mientras uno llegaba a la "visión plena, inmóvil", el otro interpretaba "los enigmas y los horrores del mundo y expresaba en la música trágica el pensamiento más íntimo de la naturaleza, el hecho de que la ‘voluntad’ hila en y por encima de todas las apariencias". Así, Apolo y Dionisio son una doble fuente de su arte. Representan antítesis estilísticas, luchando siempre entre sí, y sólo una vez aparecen fundidas en el instante del florecimiento de la "voluntad" helénica, formando la obra de arte de la tragedia ática. En el sueño y la embriaguez se alcanza la delicia de la existencia.

El arte dionisiaco, por el contrario, descansa en el juego con la embriaguez, con el éxtasis. Al ingenuo hombre natural lo elevan hasta el olvido de sí el instinto primaveral y la bebida narcótica. En ambos estados el principio de individuación queda roto, lo subjetivo desaparece totalmente ante la eruptiva de lo general-humano, de lo universal-natural. Se establece un pacto entre hombres y una reconciliación con la naturaleza.
Del Pálido Delincuente. muestra del sentido dionisiaco.

Así habla el rojo juez: “¿Por qué este delincuente asesino? ¡Quería robar! Mas yo digo su alma quería sangre, no robo: ¡él estaba sediento de la felicidad del cuchillo! Pero su pobre razón no comprendía esa demencia y le persuadió. ¡que importa la sangre!, Dijo; ¿no quieres al menos también cometer un robo? ¿tomarte una venganza? Y él escucho a su pobre razón: como plomo pesaba el discurso de ella sobre él, entonces él robo, al asesinar. No quería avergonzarse de su demencia.

Fragmento de Así Hablo Zaratustra